Bogota 18 de febrero de 2011
Carta abierta a Claudia Ruiz, y a todos los que no son amigos de la marcha.
Estimada colombiana, y queridos compatriotas.
La democracia se construye escuchando la contra parte, atendiendo con respeto y tratando de entender el punto del otro. Es por eso, que dignifico su columna con esta respuesta, pero no propiamente por su contenido Per se.
Querida compatriota, me tomare el tiempo para responder cada una de las preguntas que lanza de manera irónica, en nombre –espero- de todos quienes de alguna manera encontramos la propuesta de la marcha contra las FARC moralmente justa. Empecemos entonces.
En primer lugar, la marcha contra las Farc no es excluyente. Al igual que todos los Colombianos repudiamos profundamente los atroces crímenes de los paramilitares y el terrible e intoxicante narcotráfico de las Bacrim. No hacerlo seria una horrible traición con todos esos valientes guerreros de la fuerza publica que murieron combatiéndolos y que entregaron sus vidas y sus familias infiltrándolos. No obstante, personas como usted, minimizan los esfuerzos de quienes queremos la paz para este país con justicia, hablando con sarcasmos y poniendo a todo aquel que no este de acuerdo con la impunidad para las Farc dentro de la categoría de “extrema derecha”. Que Interesante seria, para confrontar su argumento, recopilar los testimonios de los jóvenes que vivieron en la zona de distensión, a quienes el “mono jojoy” les dictaba un código de vestimenta y presentación personal so pena de muerte. Pregunto yo ahora ¿quién representa mas una extrema derecha, un grupo de personas que quieren que se haga justicia con una banda criminal como las Farc, o los lideres de dicha organización que ponen como objetivo militar a todos quienes están en desacuerdo con ellos?
Mi estimada señora la respuesta a ¿por qué no marchamos contra los paramilitares? Es porque se hizo un proceso de paz con ellos y porque sus lideres están extraditados (por el gobierno del cual usted afirma son cómplices). Es obvio que como en todo proceso de paz, hay residuos; y uno de ellos es precisamente las Bacrim. Pero nuevamente le pregunto ¿qué es mas fácil de manejar a nivel policivo: Un ejercito armado de veinte mil hombres con un comando central unificado con ideología criminal compartida o varios grupos enemigos entre si, dedicados únicamente al narcotráfico? Considerando todos los recientes golpes contra las Bacrim la respuesta es a todas luces la segunda.
Sin embargo, la respuesta esta dada por la coyuntura. Marchamos contra las Farc porque cada vez que hablan de paz, se burlan del pueblo, usando los espacios que se les brinda para cometer nuevos actos de guerra –al mejor estilo de los fascistas japoneses-.Marchamos porque rechazamos que las Farc se hayan quedado con tan pocos argumentos que el único que les queda es comerciar con la vida humana. Marchamos porque al mejor estilo de los nazis –ultraderecha alemana- las Farc, ponen en segundo plano la vida y en primer plano sus intereses bélicos.
Marchamos contra las Farc, porque rechazamos precisamente la frase que usted menciona:
“Donde el respeto por la vida, la tolerancia y el orden comienzan por los gestos humanitarios”
Por que son frases como esas, las que no permiten que haya paz con justicia, en la medida en que se olvida que no es un acto humanitario entregar a un secuestrado, porque es un crimen de lesa humanidad que no debió cometerse en primer lugar. Si esta tentada a utilizar el argumento de la dinámica de la guerra y a usar la palabra “retenido”, y no secuestrado, le recomiendo que lea algún escrito sobre la “ética revolucionaria”, que los señores de las Farc parecen haber ignorado de sus propios ideólogos.
Por otro lado, al igual que usted esta en todo su derecho de hacer las criticas que su opinión le dicte sean pertinentes al diario “el colombiano”, dicho informativo, esta en todo su derecho de utilizar la postura editorial que le plazca. Es irónico que muchas veces las personas que mas defienden la libertad de expresión son las mas vehementes en criticar a aquellos medios que no piensan igual que ustedes. Estoy seguro que si reviso su archivo personal de blogs, encontrare uno dedicado a la defensa de la libertad de expresión “cuando conviene”.
Sin embargo, quiero a usted darle la razón en algo: Como ya lo han dicho y corregido los promotores de la marcha, no vamos a protestar contra la Señora (así Arismendi y su combo en Caracol insista en llamarla senadora) Piedad Córdoba , porque estamos en completo desacuerdo del tratamiento que le da a las liberaciones. Su interés político (para no entrar en otros detalles) es claro y su uso de las mercancías humanas para réditos politicos es algo que todos los que participamos en la marcha, rechazamos. No obstante, usted tiene razón, no vale la pena hacerle una marcha a ella, porque no necesita mas publicidad.
Por ultimo, estamos de acuerdo en que hay mas lados de la historia, pero bajo ninguna circunstancia hace menos verdadera la crueldad, frialdad y sevicia de las Farc. Calificar de Ignorantes a las personas que marchan contra las Farc, es insultar la memoria de los diputados asesinados en medio de la selva, muertos como mercancías de las Farc; es insultar a dos millones de desplazados: es insultar a todos y cada uno de los soldados y policías que murieron luchando hasta el ultimo suspiro para que usted pueda escribir su columna en paz. Calificarnos de ignorantes es casi como insinuar que el dañó de las Farc es irrelevante.
Claudia, no pretendo convencerla, sino expresarle que gracias al sacrificio de muchos hombres y mujeres de nuestra fuerza publica, y de innumerables muertos invisibles que caen día tras día en la guerra que las Farc siguen imponiendo en la sociedad colombiana contra su voluntad, puedo decir que después de casi dos décadas finalmente sentimos que vivimos en algo cercano al estado de derecho, por lo cual le reitero como un buen demócrata que respeto su opinión, pero que difiero profundamente de ella por las razones anteriormente expresadas.
Si se siente buena demócrata, la invitamos a un debate abierto, sin resentimientos ni odios, sino entre Colombianos, -cosa de la cual estoy seguro, usted esta de acuerdo- que queremos un país en paz y con justicia.
Por ultimo, quisiera hacer una mención especial a “el colombiano” por su apoyo a una causa popular, que sin duda, ya ha cambiado la perspectiva del conflicto en Colombia. –recuerden lo que dijeron los secuestrados acerca de la marcha…-
Jorge Monroy
Un Colombiano promedio, que espera que su voz represente a la de muchos otros.
Friday, 18 February 2011
Tuesday, 15 February 2011
Del perdon y la debilidad.
Del perdon y la debilidad. -Cronica de lo indigno-
Parafraseando a Pablo Neruda, podría escribir los versos más tristes este día.
Hacía ocho años que no sentía dolor de patria. Para todos los colombianos la esperanza de un país en paz y mejor se había vuelto nuestra idea principal. La Seguridad democrática había logrado que casi se extinguieran las acciones terroristas de las Farc, mientras esta nueva confianza permitía que las personas pudieran nuevamente a ejercer sus derechos civiles que les había robado el narco-comunismo. Después de muchísimo tiempo, habíamos sentido por fin, que podríamos llegar a un proceso de paz serio en las condiciones del estado, aprovechando la balanza y el poder que genera la posición en el campo de batalla. Los paros indígenas y camioneros que taponaban las ciudades haciendo ensayos terroristas eran cosa del pasado, y el país empezaba a guiarse hacia un camino de prosperidad negada por tantos años por los narco-comunistas, los narco-nazis o los narcos sin apellido. Después de tantos años, la seguridad democrática, -habíamos creído- se había vuelto política de estado y no de gobierno.
En ese contexto, las elecciones dieron al pueblo luces de esta idea. No hubo un solo candidato –ni siquiera Petro- que se alejara de la idea de continuar la mano dura y la presión militar al grupo terrorista FARC. Juan Manuel Santos, se presentaba como un humilde seguidor de las ideas de Uribe: rompía vehemente cartas de amenaza de las farc, arengaba el nombre de Uribe mientras la concurrencia gritaba enardecida y reclamaba como suyos los éxitos en la cartera de defensa. Es preciso aclarar, que yo vote por Vargas Lleras en la primera vuelta, y en blanco en la segunda. Juan Manuel Santos tenia ya un largo historial de darle la espalda a aquellos que en su momento le habían dado de comer, y aquellos gobiernos de los cuales había hecho parte.
Con ese discurso ganó la presidencia en medio de vítores del uribísmo, quien pensó –equivocadamente- que había sido reelegida la seguridad democrática. Sin embargo, tan solo unas horas después de haberse posesionado le dio la espalda a las fuerzas militares y al pueblo colombiano que tan valientemente habían soportado el bloqueo económico de Hugo Chávez, al reunirse con el y recomponer las relaciones sin contraprestación alguna. Afirmo esto, porque el dinero que Hugo Chávez le debe a Colombia no es bajo ninguna circunstancia para todos aquellos valientes guerreros que resistieron el ataque chavista, es decir, los vendedores de las pequeñas tiendas en la frontera y las personas de a pie que durante años habían vivido de la relación con ese país hermano, sino, para algunos grandes grupos industriales. Por otro lado en términos de las Farc, no se arregló nada. En un segundo invalido la política de su predecesor, a cambio de la promesa vacía del dinero que aun no le han pagado.
Son innumerables los otros ejemplos de política en la cual simplemente le dio la espalda a su antecesor. Sin embargo, la seguridad, es el tema que inspira este blog. Para las Farc es costumbre recibir los nuevos gobiernos “midiéndoles el aceite”. Es preciso recordar que Álvaro Uribe fue recibido con morteros. Sin embargo, de la mano esa humilde y valiente heroína Marta Lucia Ramírez, la respuesta fue contundente. Juan Manuel Santos por su parte, no fue la excepción. Las Farc empezaron con una gran contra ofensiva, mientras en medio de críticas se dio de baja al mono jojoy. Pero no nos engañemos, a solo dos meses de la salida de Álvaro Uribe Vélez, esta operación había sido planeada por lo menos con dos años de anticipación. Las Farc lo entendieron, y continuaron con su campaña de contraofensiva que dejo noticias diarias desde el comienzo de febrero y que no han cesado hasta hoy. La respuesta de Juan Manuel no fue contundente. Precisamente por eso, las Farc lanzaron su mas ambicioso plan en ocho años; su operación anti jaque.
Las liberaciones unilaterales –como lo menciono en el blog anterior- buscan transmutar el concepto del secuestro usando con tanta frecuencia la palabra “humanitario” que las personas tienden a creer que el proceso de liberación, debe hacerse a toda costa.
En este contexto, este grupo terrorista anuncio las liberaciones de unos hombres, y exigiendo protocolos de seguridad completamente histriónicos incumplió los pactos y no entrego a los secuestrados en las coordenadas que ofreció, mientras en ese exacto momento secuestraba más ciudadanos colombianos. Al mismo tiempo, los servicios de inteligencia colombianos y la sabiduría popular alertaban que habían utilizado el movimiento para transportar heridos y el facilitar el escape de Cano del cañón de las hermosas.
Sin duda alguna el engaño es gigantesco. Usando la única mercancía con la que las Farc saben negociar, la vida humana. Usaron el dolor de las familias para propósitos terroristas. Vidas que no les importan en lo mas mínimo, mientras seguian demostrando que una negociación con ellos en condiciones diferentes a la victoria militar por parte del estado, no es posible porque jamás han buscado generar confianza.
En ese contexto, Juan Manuel decide –inexplicablemente- continuar con el proceso, para posar de humanitario y afirmar a todas voces que entiende profundamente a las familias y que lo hace por ellos, mientras en silencio solo lanza suaves diatribas contra las Farc, que solo el oye. Los terroristas lo han medido y lo han encontrado débil. Y no me malinterpreten, la liberación de todos los secuestrados y el dolor de las familias es algo que me desgarra el alma, al igual que a todos los colombianos y a todos los Uribistas, sin embargo, los terroristas han logrado crear en Colombia el falso debate entre Dialogo y rescate militar, Cuando el estado no tiene ninguna otra obligación con los secuestrados, que movilizar a toda la fuerza publica para su rescate a toda costa. Si bien el dialogo es una opción, el rescate militar es una obligación que el estado tiene –por constitución- con los secuestrados.
Pero las Farc se salió con la suya, y Juan Manuel los perdonó. Su mensaje de debilidad les dará valentía para comenzar su fase de reconstrucción; obtuvieron exactamente lo que necesitaban y se les negó durante ocho años, un respiro.
Al perdonar el escape de Cano, Juan Manuel Santos no solo le dio la espalda a Álvaro Uribe, cuyo nombre se jactaba de arengar en su campaña, sino a todo el pueblo que le dio un mandato muy claro: “continuismo de la seguridad democrática”; aun mas terrible: en la ofensiva contra Cano, cuántos valientes soldados no perdieron la vida pagando con ella el sueño del final de la guerra?; cuanto esfuerzo de nuestra heroica fuerza publica se perdió en un instante de debilidad?; donde queda la moral de batalla que es nuestro principal activo en la balanza del conflicto?. Todas estas preguntas hacen doler la patria en el corazón después de tantos años de orgullo . Juan Manuel Santos no comprendió que cualquier debilidad con el secuestro nos vuelve a convertir a todos en objetivos militares, cuarenta millones de habitantes ahora tenemos que volver a escapar de las carreteras a evitar los viajes y cambiar a diario de rutas, pues el repunte del secuestro es simplemente inevitable cuando se asume la debilidad como política de estado. En nombre de los hombres que dieron la vida tratando de acabar tanto la guerra como las Farc en el cañón de las hermosas, no puedo perdonar a Santos su decisión de continuar con las liberaciones y de permitirle a las Farc el espectáculo de vidas humanas propiciado por la señora Piedad Córdoba y el señor Iván Cepeda. Hoy al igual que Juan Manuel hizo con Álvaro Uribe y el pueblo colombiano, le daré la espalda.
Parafraseando a Pablo Neruda, podría escribir los versos más tristes este día.
Hacía ocho años que no sentía dolor de patria. Para todos los colombianos la esperanza de un país en paz y mejor se había vuelto nuestra idea principal. La Seguridad democrática había logrado que casi se extinguieran las acciones terroristas de las Farc, mientras esta nueva confianza permitía que las personas pudieran nuevamente a ejercer sus derechos civiles que les había robado el narco-comunismo. Después de muchísimo tiempo, habíamos sentido por fin, que podríamos llegar a un proceso de paz serio en las condiciones del estado, aprovechando la balanza y el poder que genera la posición en el campo de batalla. Los paros indígenas y camioneros que taponaban las ciudades haciendo ensayos terroristas eran cosa del pasado, y el país empezaba a guiarse hacia un camino de prosperidad negada por tantos años por los narco-comunistas, los narco-nazis o los narcos sin apellido. Después de tantos años, la seguridad democrática, -habíamos creído- se había vuelto política de estado y no de gobierno.
En ese contexto, las elecciones dieron al pueblo luces de esta idea. No hubo un solo candidato –ni siquiera Petro- que se alejara de la idea de continuar la mano dura y la presión militar al grupo terrorista FARC. Juan Manuel Santos, se presentaba como un humilde seguidor de las ideas de Uribe: rompía vehemente cartas de amenaza de las farc, arengaba el nombre de Uribe mientras la concurrencia gritaba enardecida y reclamaba como suyos los éxitos en la cartera de defensa. Es preciso aclarar, que yo vote por Vargas Lleras en la primera vuelta, y en blanco en la segunda. Juan Manuel Santos tenia ya un largo historial de darle la espalda a aquellos que en su momento le habían dado de comer, y aquellos gobiernos de los cuales había hecho parte.
Con ese discurso ganó la presidencia en medio de vítores del uribísmo, quien pensó –equivocadamente- que había sido reelegida la seguridad democrática. Sin embargo, tan solo unas horas después de haberse posesionado le dio la espalda a las fuerzas militares y al pueblo colombiano que tan valientemente habían soportado el bloqueo económico de Hugo Chávez, al reunirse con el y recomponer las relaciones sin contraprestación alguna. Afirmo esto, porque el dinero que Hugo Chávez le debe a Colombia no es bajo ninguna circunstancia para todos aquellos valientes guerreros que resistieron el ataque chavista, es decir, los vendedores de las pequeñas tiendas en la frontera y las personas de a pie que durante años habían vivido de la relación con ese país hermano, sino, para algunos grandes grupos industriales. Por otro lado en términos de las Farc, no se arregló nada. En un segundo invalido la política de su predecesor, a cambio de la promesa vacía del dinero que aun no le han pagado.
Son innumerables los otros ejemplos de política en la cual simplemente le dio la espalda a su antecesor. Sin embargo, la seguridad, es el tema que inspira este blog. Para las Farc es costumbre recibir los nuevos gobiernos “midiéndoles el aceite”. Es preciso recordar que Álvaro Uribe fue recibido con morteros. Sin embargo, de la mano esa humilde y valiente heroína Marta Lucia Ramírez, la respuesta fue contundente. Juan Manuel Santos por su parte, no fue la excepción. Las Farc empezaron con una gran contra ofensiva, mientras en medio de críticas se dio de baja al mono jojoy. Pero no nos engañemos, a solo dos meses de la salida de Álvaro Uribe Vélez, esta operación había sido planeada por lo menos con dos años de anticipación. Las Farc lo entendieron, y continuaron con su campaña de contraofensiva que dejo noticias diarias desde el comienzo de febrero y que no han cesado hasta hoy. La respuesta de Juan Manuel no fue contundente. Precisamente por eso, las Farc lanzaron su mas ambicioso plan en ocho años; su operación anti jaque.
Las liberaciones unilaterales –como lo menciono en el blog anterior- buscan transmutar el concepto del secuestro usando con tanta frecuencia la palabra “humanitario” que las personas tienden a creer que el proceso de liberación, debe hacerse a toda costa.
En este contexto, este grupo terrorista anuncio las liberaciones de unos hombres, y exigiendo protocolos de seguridad completamente histriónicos incumplió los pactos y no entrego a los secuestrados en las coordenadas que ofreció, mientras en ese exacto momento secuestraba más ciudadanos colombianos. Al mismo tiempo, los servicios de inteligencia colombianos y la sabiduría popular alertaban que habían utilizado el movimiento para transportar heridos y el facilitar el escape de Cano del cañón de las hermosas.
Sin duda alguna el engaño es gigantesco. Usando la única mercancía con la que las Farc saben negociar, la vida humana. Usaron el dolor de las familias para propósitos terroristas. Vidas que no les importan en lo mas mínimo, mientras seguian demostrando que una negociación con ellos en condiciones diferentes a la victoria militar por parte del estado, no es posible porque jamás han buscado generar confianza.
En ese contexto, Juan Manuel decide –inexplicablemente- continuar con el proceso, para posar de humanitario y afirmar a todas voces que entiende profundamente a las familias y que lo hace por ellos, mientras en silencio solo lanza suaves diatribas contra las Farc, que solo el oye. Los terroristas lo han medido y lo han encontrado débil. Y no me malinterpreten, la liberación de todos los secuestrados y el dolor de las familias es algo que me desgarra el alma, al igual que a todos los colombianos y a todos los Uribistas, sin embargo, los terroristas han logrado crear en Colombia el falso debate entre Dialogo y rescate militar, Cuando el estado no tiene ninguna otra obligación con los secuestrados, que movilizar a toda la fuerza publica para su rescate a toda costa. Si bien el dialogo es una opción, el rescate militar es una obligación que el estado tiene –por constitución- con los secuestrados.
Pero las Farc se salió con la suya, y Juan Manuel los perdonó. Su mensaje de debilidad les dará valentía para comenzar su fase de reconstrucción; obtuvieron exactamente lo que necesitaban y se les negó durante ocho años, un respiro.
Al perdonar el escape de Cano, Juan Manuel Santos no solo le dio la espalda a Álvaro Uribe, cuyo nombre se jactaba de arengar en su campaña, sino a todo el pueblo que le dio un mandato muy claro: “continuismo de la seguridad democrática”; aun mas terrible: en la ofensiva contra Cano, cuántos valientes soldados no perdieron la vida pagando con ella el sueño del final de la guerra?; cuanto esfuerzo de nuestra heroica fuerza publica se perdió en un instante de debilidad?; donde queda la moral de batalla que es nuestro principal activo en la balanza del conflicto?. Todas estas preguntas hacen doler la patria en el corazón después de tantos años de orgullo . Juan Manuel Santos no comprendió que cualquier debilidad con el secuestro nos vuelve a convertir a todos en objetivos militares, cuarenta millones de habitantes ahora tenemos que volver a escapar de las carreteras a evitar los viajes y cambiar a diario de rutas, pues el repunte del secuestro es simplemente inevitable cuando se asume la debilidad como política de estado. En nombre de los hombres que dieron la vida tratando de acabar tanto la guerra como las Farc en el cañón de las hermosas, no puedo perdonar a Santos su decisión de continuar con las liberaciones y de permitirle a las Farc el espectáculo de vidas humanas propiciado por la señora Piedad Córdoba y el señor Iván Cepeda. Hoy al igual que Juan Manuel hizo con Álvaro Uribe y el pueblo colombiano, le daré la espalda.
Tuesday, 25 January 2011
LA ESTRATEGIA OCULTA DE LAS FARC
LA ESTRATEGIA OCULTA DE LAS FARC
Un análisis de porque queremos una liberación sin tv.
La estrategia de las liberaciones unilaterales parecía completamente fuera de contexto, por varias razones: en primer lugar, La guerrilla colombiana había llegado a uno de los puntos más bajos dentro del proceso de aislamiento de la sociedad civil colombiana. En segundo lugar, en el marco del desarrollo de la política de seguridad democrática este grupo terrorista se vio forzado a emplear un repliegue estratégico, fraccionando sus otrora grandes grupos de ataque, en pequeñas columnas móviles que realizan acciones bélicas contra pequeños grupos tanto civiles como militares. Por otro lado, el apoyo oficial venezolano y ecuatoriano les daba la oportunidad de ejecutar con más tranquilidad las acciones ilícitas que las financian, como por ejemplo el narcotráfico, lo cual sin la persecución incesante de la fuerza publica, generaría un gran torrente de recursos con el cual podrían generar una situación militar y política al estilo de la ofensiva de tet.
La lógica, hubiera dictado que los secuestrados serian su principal activo en medio de esta nueva dinámica de la guerra; con ellos generaban una presión internacional sobre el gobierno para un acuerdo humanitario –presión que logró muchos frutos políticos para las FARC, por ejemplo, la liberación de GRANDA por presión de Nicolas Sarkosy- que dada la postura firme del Gobierno de Álvaro Uribe, resultaría en un debilitamiento paulatino de la posición del gobierno a nivel internacional.
Sin embargo la guerrilla decidió realizar liberaciones unilaterales. Para ello utilizó, una serie de preceptos, que reforzaron su estrategia. El primero, es el uso de sus propios medios de comunicación afines, como Telesur, quienes empleaban una retorica que al final ayudaría a este grupo en su objetivo ulterior. Este tipo de actuación tiene dos objetivos secundarios. El primero, es ejercer presión sobre la sociedad civil colombiana. Esto lo hacen porque lograron interpretar la sensación colectiva de solidaridad con las familias de los secuestrados, es decir, pueden manipular a toda la sociedad solamente con la promesa de libertad. Por esta razón, se hacen liberaciones en grupos pequeños, para de alguna manera chantajear a la sociedad civil con el mensaje de que cualquier situación o concesión es valida en la búsqueda de la liberación de los secuestrados. El segundo objetivo secundario de la transmisión, es un mensaje enviado al exterior en sus propios términos y con sus propios libretos. La buena voluntad que aparentan ante la comunidad internacional esta enmarcada dentro de la ayuda logística de los gobiernos antes mencionados. Con esta evidencia fílmica, apoyada en las acciones de sus simpatizantes nostálgicos del comunismo, las FARC logran crear presión externa y re abrir desde el exterior la ventana política que cerraron en el interior. Para ello, utilizaron a una serie de personas afines, que sin hacer diplomacia directa en su favor, hacen eco de su discurso y de alguna manera legitiman una guerra que el pueblo colombiano desprecia en su totalidad.
El segundo pilar de la estrategia es la recuperación de espacios vitales perdidos. Durante el gobierno de pastrana, las FARC tuvieron toda la interlocución que quisieron tener. Recuerdo a todos los medios entrevistando a uno y otro guerrillero en el Caguan, posando de grandes figuras y ambiciosos intelectuales pacifistas. Tras el advenimiento de Álvaro Uribe, las únicas noticias referentes a esta guerrilla que asomaban la parrilla informativa Colombiana se redujo a sus pérdidas militares y al ruido que lograban generar con acciones terroristas tanto a civiles como a militares. Con las liberaciones unilaterales podrían volver a ser noticia, y a tener cierta relevancia en el escenario político nacional. Desafortunadamente para el país, ese objetivo se logro cuando pusieron al borde de la guerra a Colombia con Venezuela, momento en el cual, desafortunadamente volvieron a dictar la agenda política del país. Para esto se prestaron todos los medios nacionales, que buscando la primicia amarillista del abrazo y la lágrima, abrieron una puerta que había estado cerrada mucho tiempo: la capacidad de la guerrilla de ser protagonista.
El tercer elemento estratégico radica en la curva de aprendizaje que quisieron lanzar sobre la sociedad civil, y hoy es más claro que nunca, idea que desarrollare a continuación.
Las FARC se caracterizan por utilizar tiempos diferentes a los de la sociedad Civil colombiana. En este caso, su estrategia contempla un largo plazo en el cual las liberaciones sirven de plataforma. Las distancias entre liberaciones les permiten evaluar el impacto y otros aspectos relevantes de se estrategia, al tiempo que maleducan a la sociedad, cada vez haciéndolas mas complicadas y difíciles en aspectos triviales. Esto con el fin de probar la elasticidad de los límites del gobierno, la capacidad de presión de la sociedad, los familiares y sobre todo de sus amigos en el exterior e interior. Esto significa que las liberaciones no son más que medios de este grupo terrorista para evaluar su propia capacidad política, al tiempo que estiran las bandas de tolerancia de la sociedad, quien cayó de frente en el chantaje de que todo se vale por la libertad de los secuestrados.
Hasta el día de hoy, aun estamos esperando la entrega de las coordenadas donde recoger al mas reciente grupo de secuestrados. Se han tomado más de un mes para realizar una actividad que -es claro para todos-, no debería tardar más de tres días. Mientras tanto, la guerrilla ha cometido innumerables acciones terroristas contra civiles y militares las cuales han tenido un despliegue únicamente nacional. Por su parte, el gobierno y la sociedad civil aguantan la humillación por el tiempo que las FARC y sus simpatizantes quieran, cada vez estirando mas los limites de sus propios estándares, lo cual es una estrategia exactamente similar a la utilizada con la zona de distensión. Por otro lado La dilación de la última liberación anunciada es en adición a todo lo anterior una prueba para el temple y carácter de Juan Manuel Santos, y de la forma en la que responda al reto de no dejarse chantajear dependerá el desarrollo de la guerra los próximos tres años.
Así pues, el objetivo central de toda esta estrategia empleada por las FARC analizado en este articulo, es simplemente uno. Transmutar conceptos. Para entenderlo, es preciso que el lector recuerde las palabras y los símbolos utilizados en las liberaciones. El término humanitario y el símbolo de la cruz roja internacional se han usado con tanta frecuencia que ya se han hecho parte de la cultura popular de las liberaciones. Misión humanitaria, acción humanitaria, rescate humanitario; son palabras que inundan los medios durante estos eventos: ese es precisamente el eje de la estrategia oculta de las FARC: trasmutar la idea, de “las FARC secuestran” a “las FARC liberan”.
Esta estrategia ha contado con idiotas útiles: los medios. Cada vez que se muestra un abrazo entre ex-secuestrados y sus familias se refuerza la idea de que las liberaciones son un regalo incomprendido, y que todo cuanto se haga por ellas es correcto. Los altos ratings hacen parte de lo que las FARC buscan, al tratar de re educar a la sociedad colombiana para que recuerde mucho mas ese segundo de imagen a los diez años de secuestro que muchos han pasado. Por otro lado, con esas imágenes, y en compañía de sus simpatizantes y amigos, simplemente hacen doble presión al gobierno: la presión interna de una sociedad arrodillada ante el chantaje de la liberación de los rehenes, y la presión externa de gobiernos ajenos a la realidad Colombiana, que han sido influenciados por un trabajo de cancillería bastante mas ágil que el del gobierno: el de los amigos de las FARC
Un análisis de porque queremos una liberación sin tv.
La estrategia de las liberaciones unilaterales parecía completamente fuera de contexto, por varias razones: en primer lugar, La guerrilla colombiana había llegado a uno de los puntos más bajos dentro del proceso de aislamiento de la sociedad civil colombiana. En segundo lugar, en el marco del desarrollo de la política de seguridad democrática este grupo terrorista se vio forzado a emplear un repliegue estratégico, fraccionando sus otrora grandes grupos de ataque, en pequeñas columnas móviles que realizan acciones bélicas contra pequeños grupos tanto civiles como militares. Por otro lado, el apoyo oficial venezolano y ecuatoriano les daba la oportunidad de ejecutar con más tranquilidad las acciones ilícitas que las financian, como por ejemplo el narcotráfico, lo cual sin la persecución incesante de la fuerza publica, generaría un gran torrente de recursos con el cual podrían generar una situación militar y política al estilo de la ofensiva de tet.
La lógica, hubiera dictado que los secuestrados serian su principal activo en medio de esta nueva dinámica de la guerra; con ellos generaban una presión internacional sobre el gobierno para un acuerdo humanitario –presión que logró muchos frutos políticos para las FARC, por ejemplo, la liberación de GRANDA por presión de Nicolas Sarkosy- que dada la postura firme del Gobierno de Álvaro Uribe, resultaría en un debilitamiento paulatino de la posición del gobierno a nivel internacional.
Sin embargo la guerrilla decidió realizar liberaciones unilaterales. Para ello utilizó, una serie de preceptos, que reforzaron su estrategia. El primero, es el uso de sus propios medios de comunicación afines, como Telesur, quienes empleaban una retorica que al final ayudaría a este grupo en su objetivo ulterior. Este tipo de actuación tiene dos objetivos secundarios. El primero, es ejercer presión sobre la sociedad civil colombiana. Esto lo hacen porque lograron interpretar la sensación colectiva de solidaridad con las familias de los secuestrados, es decir, pueden manipular a toda la sociedad solamente con la promesa de libertad. Por esta razón, se hacen liberaciones en grupos pequeños, para de alguna manera chantajear a la sociedad civil con el mensaje de que cualquier situación o concesión es valida en la búsqueda de la liberación de los secuestrados. El segundo objetivo secundario de la transmisión, es un mensaje enviado al exterior en sus propios términos y con sus propios libretos. La buena voluntad que aparentan ante la comunidad internacional esta enmarcada dentro de la ayuda logística de los gobiernos antes mencionados. Con esta evidencia fílmica, apoyada en las acciones de sus simpatizantes nostálgicos del comunismo, las FARC logran crear presión externa y re abrir desde el exterior la ventana política que cerraron en el interior. Para ello, utilizaron a una serie de personas afines, que sin hacer diplomacia directa en su favor, hacen eco de su discurso y de alguna manera legitiman una guerra que el pueblo colombiano desprecia en su totalidad.
El segundo pilar de la estrategia es la recuperación de espacios vitales perdidos. Durante el gobierno de pastrana, las FARC tuvieron toda la interlocución que quisieron tener. Recuerdo a todos los medios entrevistando a uno y otro guerrillero en el Caguan, posando de grandes figuras y ambiciosos intelectuales pacifistas. Tras el advenimiento de Álvaro Uribe, las únicas noticias referentes a esta guerrilla que asomaban la parrilla informativa Colombiana se redujo a sus pérdidas militares y al ruido que lograban generar con acciones terroristas tanto a civiles como a militares. Con las liberaciones unilaterales podrían volver a ser noticia, y a tener cierta relevancia en el escenario político nacional. Desafortunadamente para el país, ese objetivo se logro cuando pusieron al borde de la guerra a Colombia con Venezuela, momento en el cual, desafortunadamente volvieron a dictar la agenda política del país. Para esto se prestaron todos los medios nacionales, que buscando la primicia amarillista del abrazo y la lágrima, abrieron una puerta que había estado cerrada mucho tiempo: la capacidad de la guerrilla de ser protagonista.
El tercer elemento estratégico radica en la curva de aprendizaje que quisieron lanzar sobre la sociedad civil, y hoy es más claro que nunca, idea que desarrollare a continuación.
Las FARC se caracterizan por utilizar tiempos diferentes a los de la sociedad Civil colombiana. En este caso, su estrategia contempla un largo plazo en el cual las liberaciones sirven de plataforma. Las distancias entre liberaciones les permiten evaluar el impacto y otros aspectos relevantes de se estrategia, al tiempo que maleducan a la sociedad, cada vez haciéndolas mas complicadas y difíciles en aspectos triviales. Esto con el fin de probar la elasticidad de los límites del gobierno, la capacidad de presión de la sociedad, los familiares y sobre todo de sus amigos en el exterior e interior. Esto significa que las liberaciones no son más que medios de este grupo terrorista para evaluar su propia capacidad política, al tiempo que estiran las bandas de tolerancia de la sociedad, quien cayó de frente en el chantaje de que todo se vale por la libertad de los secuestrados.
Hasta el día de hoy, aun estamos esperando la entrega de las coordenadas donde recoger al mas reciente grupo de secuestrados. Se han tomado más de un mes para realizar una actividad que -es claro para todos-, no debería tardar más de tres días. Mientras tanto, la guerrilla ha cometido innumerables acciones terroristas contra civiles y militares las cuales han tenido un despliegue únicamente nacional. Por su parte, el gobierno y la sociedad civil aguantan la humillación por el tiempo que las FARC y sus simpatizantes quieran, cada vez estirando mas los limites de sus propios estándares, lo cual es una estrategia exactamente similar a la utilizada con la zona de distensión. Por otro lado La dilación de la última liberación anunciada es en adición a todo lo anterior una prueba para el temple y carácter de Juan Manuel Santos, y de la forma en la que responda al reto de no dejarse chantajear dependerá el desarrollo de la guerra los próximos tres años.
Así pues, el objetivo central de toda esta estrategia empleada por las FARC analizado en este articulo, es simplemente uno. Transmutar conceptos. Para entenderlo, es preciso que el lector recuerde las palabras y los símbolos utilizados en las liberaciones. El término humanitario y el símbolo de la cruz roja internacional se han usado con tanta frecuencia que ya se han hecho parte de la cultura popular de las liberaciones. Misión humanitaria, acción humanitaria, rescate humanitario; son palabras que inundan los medios durante estos eventos: ese es precisamente el eje de la estrategia oculta de las FARC: trasmutar la idea, de “las FARC secuestran” a “las FARC liberan”.
Esta estrategia ha contado con idiotas útiles: los medios. Cada vez que se muestra un abrazo entre ex-secuestrados y sus familias se refuerza la idea de que las liberaciones son un regalo incomprendido, y que todo cuanto se haga por ellas es correcto. Los altos ratings hacen parte de lo que las FARC buscan, al tratar de re educar a la sociedad colombiana para que recuerde mucho mas ese segundo de imagen a los diez años de secuestro que muchos han pasado. Por otro lado, con esas imágenes, y en compañía de sus simpatizantes y amigos, simplemente hacen doble presión al gobierno: la presión interna de una sociedad arrodillada ante el chantaje de la liberación de los rehenes, y la presión externa de gobiernos ajenos a la realidad Colombiana, que han sido influenciados por un trabajo de cancillería bastante mas ágil que el del gobierno: el de los amigos de las FARC
Thursday, 6 January 2011
Reflexiones de un país sin memoria
!BIENVENIDOS NUEVAMENTE AL BLOG! Dados las recientes sucesos y discusiones publicas y con motivo del resurgimiento del Blog ¡el anacronista! –relatos de un país sin tiempo, me siento en la obligación de hacer una reflexión que busca defender el país que recibimos de manos de Álvaro Uribe, basado en los relatos de un hombre sabio en quien me baso para rendirle un homenaje: Mi padre.
Cuando era pequeño, recuerdo firmemente la cara de los soldados que eran enviados a morir en las selvas alrededor de 1994, durante el “gobierno de la gente”. En sus rostros se veía el abatimiento y el cansancio. Todos los días, se escuchaban noticias de tomas de pueblos a lo largo y ancho de la geografía nacional, de hecho, muchas veces veíamos llegar a la ciudad, soldados caminando después de grandes tomas, porque no hubo transportes disponibles. El escándalo del proceso 8000 y Ernesto Samper aferrándose al poder me hacían pensar entonces, la necesidad de un cambio urgente para nuestro país. Solo unos años después Mí padre, un conservador acérrimo, nacido en 1925, gran intelectual de derecha, quien vivió en carne propia toda la historia de Colombia, pensaba en la tristeza de nunca haber podido vivir en paz, y gritaba al televisor enfurecido cada vez que Tirofijo o alguno de sus secuaces daba declaraciones durante el fallido proceso de paz.
Recuerdo claramente sus palabras “mano dura es lo que se necesita en este país”, decía mientras recordaba con ironía que las FARC nacieron liberales y se volvieron comunistas. Pero que nunca tuvieron nada de ello realmente. Esa misma noche en que nos contaba historias del bogotazo y de cómo salió ileso de este a pesar de que un liberal trato de asesinarlo, Andrés Pastrana anunciaba lo que mi padre y casi todos los colombianos sabíamos desde un principio: Tirofijo lo había asaltado en su buena fe.
Pero era demasiado tarde. La tregua y retaguardia estratégica ya habían dado a las FARC una gigantesca ventaja táctica operativa, que puso al país de rodillas hasta el punto que mi padre, hablaba incesantemente de la necesidad de irnos del país, en caso tal de que el estado perdiera finalmente la guerra. Recuerdo Firmemente a mi padre recordando cuan grave era la amenaza de Hugo Chávez, de quien nos pidió recordarlo cuando comenzara a apoyar a los grupos terroristas de Colombia y expandiera las ideas socialistas por el continente – nada mas acertado a lo que finalmente pasó-
Durante ese periodo oscuro los indígenas realizaron algo que muchos en el Cauca describieron como un ensayo de sitio. Bloquearon la ciudad de Popayán durante mucho tiempo, dejando a las personas de la ciudad con ninguna otra salida que esperar el Avión Hércules salvador de la fuerza aérea. Recuerdo también que después de las seis de la tarde viajar a la ciudad de Cali significaba firmar un acta voluntaria de secuestro. Memorias me asaltan de cuando secuestraron tantas personas conocidas en la ciudad, que mi padre nos dio instrucciones precisas de que si algún día era secuestrado, actuáramos como si ya hubiera sido asesinado.
Cuanto hubiera deseado mi padre haber podido vivir unos años mas para poder ver los años del Álvaro Uribe Vélez. Estoy completamente seguro de que por las mejillas de mi padre hubieran corrido lagrimas de emoción el día en que el ejercito rescato a los soldados, policías y a los tres americanos (entre otros rescatados) en la operación Jaque. Estoy seguro que en su pecho no habría cabido tanta emoción tras la caída de Raúl Reyes, y los rescates sucesivos, la muerte del negro Acacio y el final de la vida terrorista de Tirofijo y del mono jojoy.
Mi padre murió en el año 2000. Pero el recuerdo de lo que pensaba sirve para hacer un par de reflexiones. La primera, es que el nació y creció en una Colombia sin las FARC, sumida en la violencia y llena de sangre por Doquier. Fue testigo de primera mano de todos los incidentes que dieron forma a nuestro actual conflicto. Y aun así reconocía en los últimos años de su vida que el momento mas difícil de la nación ocurría precisamente en el final de la década de los noventa y en comienzos del nuevo milenio: Así mismo lo veían los miles de colombianos, que habían visto en la guerra degradada por los grupos ilegales, un freno a todos sus sueños de prosperidad y de crecimiento.
La segunda reflexión radica en que uno de los argumentos favoritos de algunos personajes de izquierda afirma que las FARC no son un problema, y que el país necesita cosas más importantes. Muchos de ellos, (Presumiendo la inocencia de sus palabras) simplemente no entendieron, la magnitud de la guerra en Colombia. Y no entendieron que para llegar al momento en el que se halla Colombia, se necesitaba una respuesta estatal igualmente contundente, que durante casi nueve gobiernos no se dio.
Álvaro Uribe no se invento la guerra en Colombia, simplemente fue el único presidente que de frente se encargo de enfrentarla, asumiendo de frente todas las consecuencias. Armado del mejor ejercito de América Latina, y el apoyo popular del pueblo que poco a poco se iba liberando gracias al trabajo firme y honroso de la Fuerza Publica. Clara mente, Él se enfrentaba a una organización que tenia una estructura montada hace cincuenta años destinada al crimen y el delito, que recientemente se había adueñado del negocio del narcotráfico y el secuestro; Es obvio que se esperaba un contra ataque, pues todo aquel que pelea de frente, no teme los golpes de vuelta.
La ultima reflexión es que mas allá de la impronta que Álvaro Uribe dejó para el destino democrático de Colombia, es que su gobierno, su retorica y su discurso, finalmente logró unidad y consenso frente al rechazo absoluto al terrorismo. Eso lo prueban las elecciones pasadas, en las cuales a pesar de tener todo un espectro político de candidatos, existía un consenso tácito sobre la política de seguridad democrática.
Finalmente, dentro de la discusión siempre valida y necesaria en la democracia, la defensa del gobierno de Álvaro Uribe debe hacerse entorno a la política pública que sin necesidad de leyes o legislaciones, se convirtió en política de estado; y que hoy le da un capital político y económico sustancial al gobierno del presidente Santos, para continuar –como es mandato popular- con las políticas de su predecesor.
Por fuera de la discusión, se encuentra el ataque personal; como ejemplo están las discusiones de las últimas semanas donde las acusaciones se reducen al mal uso de la practica periodística, en donde la búsqueda de vigencia sacrifica los deberes periodísticos y civiles, pues en vez de denunciar ante las autoridades sus acusaciones, se mantienen en el ámbito de la especulación y el ataque al nombre.
Finalmente, si mi padre hubiera podido ver la nueva Colombia que entrego Álvaro Uribe, habría muerto, sintiéndose orgulloso de haber crecido en nuestro país, y aunque no hubiese vivido para ver la paz que aun nos es esquiva, habría muerto sintiéndose digno y no arrodillado como nos sentimos los Colombianos durante tantos años en los cuales soportamos la debilidad criminal de nuestros gobernantes.
JORGE MONROY
Cuando era pequeño, recuerdo firmemente la cara de los soldados que eran enviados a morir en las selvas alrededor de 1994, durante el “gobierno de la gente”. En sus rostros se veía el abatimiento y el cansancio. Todos los días, se escuchaban noticias de tomas de pueblos a lo largo y ancho de la geografía nacional, de hecho, muchas veces veíamos llegar a la ciudad, soldados caminando después de grandes tomas, porque no hubo transportes disponibles. El escándalo del proceso 8000 y Ernesto Samper aferrándose al poder me hacían pensar entonces, la necesidad de un cambio urgente para nuestro país. Solo unos años después Mí padre, un conservador acérrimo, nacido en 1925, gran intelectual de derecha, quien vivió en carne propia toda la historia de Colombia, pensaba en la tristeza de nunca haber podido vivir en paz, y gritaba al televisor enfurecido cada vez que Tirofijo o alguno de sus secuaces daba declaraciones durante el fallido proceso de paz.
Recuerdo claramente sus palabras “mano dura es lo que se necesita en este país”, decía mientras recordaba con ironía que las FARC nacieron liberales y se volvieron comunistas. Pero que nunca tuvieron nada de ello realmente. Esa misma noche en que nos contaba historias del bogotazo y de cómo salió ileso de este a pesar de que un liberal trato de asesinarlo, Andrés Pastrana anunciaba lo que mi padre y casi todos los colombianos sabíamos desde un principio: Tirofijo lo había asaltado en su buena fe.
Pero era demasiado tarde. La tregua y retaguardia estratégica ya habían dado a las FARC una gigantesca ventaja táctica operativa, que puso al país de rodillas hasta el punto que mi padre, hablaba incesantemente de la necesidad de irnos del país, en caso tal de que el estado perdiera finalmente la guerra. Recuerdo Firmemente a mi padre recordando cuan grave era la amenaza de Hugo Chávez, de quien nos pidió recordarlo cuando comenzara a apoyar a los grupos terroristas de Colombia y expandiera las ideas socialistas por el continente – nada mas acertado a lo que finalmente pasó-
Durante ese periodo oscuro los indígenas realizaron algo que muchos en el Cauca describieron como un ensayo de sitio. Bloquearon la ciudad de Popayán durante mucho tiempo, dejando a las personas de la ciudad con ninguna otra salida que esperar el Avión Hércules salvador de la fuerza aérea. Recuerdo también que después de las seis de la tarde viajar a la ciudad de Cali significaba firmar un acta voluntaria de secuestro. Memorias me asaltan de cuando secuestraron tantas personas conocidas en la ciudad, que mi padre nos dio instrucciones precisas de que si algún día era secuestrado, actuáramos como si ya hubiera sido asesinado.
Cuanto hubiera deseado mi padre haber podido vivir unos años mas para poder ver los años del Álvaro Uribe Vélez. Estoy completamente seguro de que por las mejillas de mi padre hubieran corrido lagrimas de emoción el día en que el ejercito rescato a los soldados, policías y a los tres americanos (entre otros rescatados) en la operación Jaque. Estoy seguro que en su pecho no habría cabido tanta emoción tras la caída de Raúl Reyes, y los rescates sucesivos, la muerte del negro Acacio y el final de la vida terrorista de Tirofijo y del mono jojoy.
Mi padre murió en el año 2000. Pero el recuerdo de lo que pensaba sirve para hacer un par de reflexiones. La primera, es que el nació y creció en una Colombia sin las FARC, sumida en la violencia y llena de sangre por Doquier. Fue testigo de primera mano de todos los incidentes que dieron forma a nuestro actual conflicto. Y aun así reconocía en los últimos años de su vida que el momento mas difícil de la nación ocurría precisamente en el final de la década de los noventa y en comienzos del nuevo milenio: Así mismo lo veían los miles de colombianos, que habían visto en la guerra degradada por los grupos ilegales, un freno a todos sus sueños de prosperidad y de crecimiento.
La segunda reflexión radica en que uno de los argumentos favoritos de algunos personajes de izquierda afirma que las FARC no son un problema, y que el país necesita cosas más importantes. Muchos de ellos, (Presumiendo la inocencia de sus palabras) simplemente no entendieron, la magnitud de la guerra en Colombia. Y no entendieron que para llegar al momento en el que se halla Colombia, se necesitaba una respuesta estatal igualmente contundente, que durante casi nueve gobiernos no se dio.
Álvaro Uribe no se invento la guerra en Colombia, simplemente fue el único presidente que de frente se encargo de enfrentarla, asumiendo de frente todas las consecuencias. Armado del mejor ejercito de América Latina, y el apoyo popular del pueblo que poco a poco se iba liberando gracias al trabajo firme y honroso de la Fuerza Publica. Clara mente, Él se enfrentaba a una organización que tenia una estructura montada hace cincuenta años destinada al crimen y el delito, que recientemente se había adueñado del negocio del narcotráfico y el secuestro; Es obvio que se esperaba un contra ataque, pues todo aquel que pelea de frente, no teme los golpes de vuelta.
La ultima reflexión es que mas allá de la impronta que Álvaro Uribe dejó para el destino democrático de Colombia, es que su gobierno, su retorica y su discurso, finalmente logró unidad y consenso frente al rechazo absoluto al terrorismo. Eso lo prueban las elecciones pasadas, en las cuales a pesar de tener todo un espectro político de candidatos, existía un consenso tácito sobre la política de seguridad democrática.
Finalmente, dentro de la discusión siempre valida y necesaria en la democracia, la defensa del gobierno de Álvaro Uribe debe hacerse entorno a la política pública que sin necesidad de leyes o legislaciones, se convirtió en política de estado; y que hoy le da un capital político y económico sustancial al gobierno del presidente Santos, para continuar –como es mandato popular- con las políticas de su predecesor.
Por fuera de la discusión, se encuentra el ataque personal; como ejemplo están las discusiones de las últimas semanas donde las acusaciones se reducen al mal uso de la practica periodística, en donde la búsqueda de vigencia sacrifica los deberes periodísticos y civiles, pues en vez de denunciar ante las autoridades sus acusaciones, se mantienen en el ámbito de la especulación y el ataque al nombre.
Finalmente, si mi padre hubiera podido ver la nueva Colombia que entrego Álvaro Uribe, habría muerto, sintiéndose orgulloso de haber crecido en nuestro país, y aunque no hubiese vivido para ver la paz que aun nos es esquiva, habría muerto sintiéndose digno y no arrodillado como nos sentimos los Colombianos durante tantos años en los cuales soportamos la debilidad criminal de nuestros gobernantes.
JORGE MONROY
Wednesday, 30 June 2010
El conformismo radical y la Bogotá desangrada.
Hace pocos días, una mujer en el transporte público lanzó una protesta, aparentemente marginal para el resto de personas en el sistema acerca del lamentable estado del tráfico en Bogotá. La mujer aseguró que esto se debía a la pésima administración de Samuel Moreno, lo cual nadie en la buseta negó. Sin embargo, la ineptitud del alcalde de turno es tan evidente que no presume un tema relevante para discutir en este blog. Este artículo, se centra en la pregunta que se hizo la mujer al final de la conversación: “no entiendo, ¿por qué nadie hace nada?”. Esta pregunta, pone sobre la mesa un tema trascendental para la vida económica y política de Colombia: el conformismo con el cual los colombianos asumen la cotidianidad es tan incomprensible, que es digno de un artículo que examine el tema.
La primera teoría sobre el origen del conformismo Colombiano, se ubica en el área del determinismo geográfico. Al no tener estaciones, la sociedad que se estableció en el territorio que hoy es Colombia, se enfrentó a un escenario sin sorpresas naturales, sin huracanes, ni fenómenos de temporadas. En vez de una sociedad donde habría que prepararse para cada estación, los colonos europeos solo debían sentarse y hacer planes basados en las predicciones sobre incierta lluvia. De alguna manera, el medio ambiente arraigó la cultura de la adaptación a los hechos inciertos; de esperar aquello que el medio ambiente traía, de la misma forma, se lo llevará.
La segunda teoría parte de la idea de un gran grupo de indígenas, que al estar localizados alrededor de la línea ecuatorial, su relación con el medio ambiente se reducía simplemente a entenderlo y a descifrarlo, sabiendo de antemano, que el clima y el orden natural de las cosas, les permitía una vida sin sorpresas, sin la necesidad de mantener un orden, el cual ya estaba dado a partir de una sociedad que se permitía el lujo de vivir aislada de los grandes centros indígenas precolombinos, y cuya existencia estaba amenazada solamente por otros grupos humanos. Sin embargo, conociendo las debilidades de las teorías deterministas geográficas, vale la pena pensar en un enfoque sociológico de masas. Esto es, haciendo especial referencia a la cultura del miedo. Los colombianos, vivimos en medio del temor. Esta cultura nace y se reproduce en la violencia, pues todas las dinámicas de guerra, en las que Colombia como nación se ha visto inmersa, han contado con el componente de la guerra de guerrillas. De alguna manera, los combatientes, independientemente de su ideología, han optado simplemente por infundir temor en sus enemigos, de ahí surgen las expresiones más barbáricas de violencia, como el corte de corbata, el corte de florero, el collar bomba, la bomba del DAS, las masacres con moto sierra, etc. Si el lector es perspicaz, se dará cuenta que todos estos ejemplos tienen dos comunes denominadores. El primero, es que aquel que perpetró el atentado o el golpe, lo hizo en números pequeños, escondiéndose de su enemigo, es decir, llenos de miedo. El segundo, es que lo único que lograron con estos golpes fue simplemente generar miedo entre sus enemigos, cualquiera que fuesen. La sociedad, en respuesta replico ese temor, y se escondió detrás de la excusa del miedo, para enfrentarse de manera cohesionada a un enemigo común. La sociedad simplemente empezó a repensar los costos de enfrentar problemas, contra las retaliaciones que un enemigo siempre más pequeño pudiera darle.
Existe otra explicación, a partir de la teoría de juegos, haciendo acento en el dilema del prisionero -término que para el lector que no esté familiarizado con su significado, explica simplemente que si las personas no tienen información adecuada, preferirían no confiar en los otros, antes que actuar de manera conjunta- es decir, cada Colombiano confía tan poco en otro colombiano, que simplemente la acción colectiva es imposible. Por ejemplo, si en el caso de Bogotá, los residentes de la ciudad decidieran no pagar el impuesto predial, hasta que el Alcalde renunciara, éste último no tendría mas opción que retirarse e ir a llorar a los hombros de su madre; sin embargo, si un grupo mayor de bogotanos decide pagar, aquellos que no pagaron se verían envueltos en un problema financiero y legal sin precedentes, de tal forma que al final, nadie dejaría de pagar sus impuestos.
El origen de esa desconfianza radical entre los propios colombianos, es un enigma. Posibles explicaciones podrían tener relación con la acción de los medios, una sistema educativo dentro del cual, antes que atacar los problemas de robos los planteles, prefieren decir a los estudiantes cosas como “no traigan cosas de valor al colegio”, entre otras aserciones. Sin embargo, la explicación más clara la podría dar el hecho de que no existe un sistema de justicia que respalde a la sociedad Colombiana.
La última teoría del conformismo, es una visión economicista del problema: las personas no tienen suficientes ingresos para ponerse a discutir o a mantener una pelea. Es decir, una madre soltera y cabeza de familia que vive del aseo con veinte mil pesos diarios, no puede darse el lujo de salir a la calle a protestar; si lo hace, sus hijos no comen. Sin embargo desde la perspectiva Bogotana, el caos en el que está sumida la ciudad, afecta más a clases medias y altas que a clases pobres, porque principalmente afecta a dueños de automóviles y dueños de negocios cercanos a los lugares en obra.
El conformismo ha sido regla general en Colombia, en donde muchos han cometido las atrocidades más incomprensibles, bajo el silencio cómplice de toda la sociedad. Las personas en Colombia simplemente prefieren guardar silencio cuando son maltratadas -de ahí las cifras de abuso sexual intrafamiliar en Colombia-. Sus ciudadanos prefieren simplemente fingir que no pasó nada y deciden adaptarse a sus tragedias personales. Desde el maltrato de una persona, hasta la corrupción en la troncal de la calle veintiséis, el conformismo y el no levantar la voz para exigir respeto son cómplices de los intereses mezquinos de algunos corruptos y malvados. Colombia no podrá transformarse en un Estado exitoso mientras los colombianos no entiendan su rol en dicha transformación: no se trata de exigir respeto a un alcalde corrupto, a un amigo, a una organización del estado, se trata de respetarse uno mismo, y de saber que el derecho al respeto no es algo que se pide, se arrebata.
Jorge Monroy.
La primera teoría sobre el origen del conformismo Colombiano, se ubica en el área del determinismo geográfico. Al no tener estaciones, la sociedad que se estableció en el territorio que hoy es Colombia, se enfrentó a un escenario sin sorpresas naturales, sin huracanes, ni fenómenos de temporadas. En vez de una sociedad donde habría que prepararse para cada estación, los colonos europeos solo debían sentarse y hacer planes basados en las predicciones sobre incierta lluvia. De alguna manera, el medio ambiente arraigó la cultura de la adaptación a los hechos inciertos; de esperar aquello que el medio ambiente traía, de la misma forma, se lo llevará.
La segunda teoría parte de la idea de un gran grupo de indígenas, que al estar localizados alrededor de la línea ecuatorial, su relación con el medio ambiente se reducía simplemente a entenderlo y a descifrarlo, sabiendo de antemano, que el clima y el orden natural de las cosas, les permitía una vida sin sorpresas, sin la necesidad de mantener un orden, el cual ya estaba dado a partir de una sociedad que se permitía el lujo de vivir aislada de los grandes centros indígenas precolombinos, y cuya existencia estaba amenazada solamente por otros grupos humanos. Sin embargo, conociendo las debilidades de las teorías deterministas geográficas, vale la pena pensar en un enfoque sociológico de masas. Esto es, haciendo especial referencia a la cultura del miedo. Los colombianos, vivimos en medio del temor. Esta cultura nace y se reproduce en la violencia, pues todas las dinámicas de guerra, en las que Colombia como nación se ha visto inmersa, han contado con el componente de la guerra de guerrillas. De alguna manera, los combatientes, independientemente de su ideología, han optado simplemente por infundir temor en sus enemigos, de ahí surgen las expresiones más barbáricas de violencia, como el corte de corbata, el corte de florero, el collar bomba, la bomba del DAS, las masacres con moto sierra, etc. Si el lector es perspicaz, se dará cuenta que todos estos ejemplos tienen dos comunes denominadores. El primero, es que aquel que perpetró el atentado o el golpe, lo hizo en números pequeños, escondiéndose de su enemigo, es decir, llenos de miedo. El segundo, es que lo único que lograron con estos golpes fue simplemente generar miedo entre sus enemigos, cualquiera que fuesen. La sociedad, en respuesta replico ese temor, y se escondió detrás de la excusa del miedo, para enfrentarse de manera cohesionada a un enemigo común. La sociedad simplemente empezó a repensar los costos de enfrentar problemas, contra las retaliaciones que un enemigo siempre más pequeño pudiera darle.
Existe otra explicación, a partir de la teoría de juegos, haciendo acento en el dilema del prisionero -término que para el lector que no esté familiarizado con su significado, explica simplemente que si las personas no tienen información adecuada, preferirían no confiar en los otros, antes que actuar de manera conjunta- es decir, cada Colombiano confía tan poco en otro colombiano, que simplemente la acción colectiva es imposible. Por ejemplo, si en el caso de Bogotá, los residentes de la ciudad decidieran no pagar el impuesto predial, hasta que el Alcalde renunciara, éste último no tendría mas opción que retirarse e ir a llorar a los hombros de su madre; sin embargo, si un grupo mayor de bogotanos decide pagar, aquellos que no pagaron se verían envueltos en un problema financiero y legal sin precedentes, de tal forma que al final, nadie dejaría de pagar sus impuestos.
El origen de esa desconfianza radical entre los propios colombianos, es un enigma. Posibles explicaciones podrían tener relación con la acción de los medios, una sistema educativo dentro del cual, antes que atacar los problemas de robos los planteles, prefieren decir a los estudiantes cosas como “no traigan cosas de valor al colegio”, entre otras aserciones. Sin embargo, la explicación más clara la podría dar el hecho de que no existe un sistema de justicia que respalde a la sociedad Colombiana.
La última teoría del conformismo, es una visión economicista del problema: las personas no tienen suficientes ingresos para ponerse a discutir o a mantener una pelea. Es decir, una madre soltera y cabeza de familia que vive del aseo con veinte mil pesos diarios, no puede darse el lujo de salir a la calle a protestar; si lo hace, sus hijos no comen. Sin embargo desde la perspectiva Bogotana, el caos en el que está sumida la ciudad, afecta más a clases medias y altas que a clases pobres, porque principalmente afecta a dueños de automóviles y dueños de negocios cercanos a los lugares en obra.
El conformismo ha sido regla general en Colombia, en donde muchos han cometido las atrocidades más incomprensibles, bajo el silencio cómplice de toda la sociedad. Las personas en Colombia simplemente prefieren guardar silencio cuando son maltratadas -de ahí las cifras de abuso sexual intrafamiliar en Colombia-. Sus ciudadanos prefieren simplemente fingir que no pasó nada y deciden adaptarse a sus tragedias personales. Desde el maltrato de una persona, hasta la corrupción en la troncal de la calle veintiséis, el conformismo y el no levantar la voz para exigir respeto son cómplices de los intereses mezquinos de algunos corruptos y malvados. Colombia no podrá transformarse en un Estado exitoso mientras los colombianos no entiendan su rol en dicha transformación: no se trata de exigir respeto a un alcalde corrupto, a un amigo, a una organización del estado, se trata de respetarse uno mismo, y de saber que el derecho al respeto no es algo que se pide, se arrebata.
Jorge Monroy.
Thursday, 17 June 2010
Colombia 86, el mundial que no fue.
Cuando el mundial de Sudáfrica empieza a llenar de emoción los pulmones y corazones de millones de personas alrededor del mundo y se empieza a ver la intensidad de la fiesta organizada por una nación que tan solo hace veinte años estaba sumida en el “apartheid” y en graves y profundas contradicciones sociales. Suena interesante hacer la reflexión del modelo de país que hemos trazado los colombianos a la luz de una historia que no muchos en esta generación conocen: el mundial de Colombia 1986.
Antes de contar la historia, es importante realizar una mirada al modelo de crecimiento de China, el único país que ha crecido de manera ininterrumpida durante casi cuarenta años a tasas de más del 7%. Este, es un país que en el papel se hace llamar socialista, pero que tiene todo el esfuerzo de su Estado, de su gente, de sus trabajadores y de toda su sociedad enfocada solamente hacia un aspecto: la inversión. Venga de donde venga. Andrés Oppenheimer lo describe bien en su libro “Cuentos Chinos”: mientras en Venezuela el tirano tropical cierra tres días McDonald’s, en su eterna pelea con el capitalismo, los chinos firmaron un acuerdo para abrir mil tiendas de esta tradicional hamburguesa en todo su territorio. Y es muy simple: no importa de donde venga, los chinos castigan socialmente un solo dólar de inversión que se pierda. Ellos han entendido que la inversión extranjera hace que la sociedad aprenda técnicas, adquiera bienes de capital necesarios para la producción, cree trabajo, e inyecta riqueza en toda la sociedad. Claramente, es necesario un gobierno inteligente que logre que esa inversión se transforme en desarrollo. Sin embargo, es evidente que el primer paso para transformar la sociedad es que haya dinero.
Dicho esto, en 1974, la FIFA decidió que, a pesar de todos los argumentos en contra, el mundial de 1986 se celebraría en la república de Colombia, después de una larga gestión del presidente Pastrana. Sin embargo, nuestro país sacó a relucir su mediocridad inherente y su vocación de pobreza con lo que sucedió posteriormente. Gobierno tras gobierno durante doce años, todos usaron el tema del mundial para adquirir réditos políticos, pero, finalmente quedando completamente rezagado dentro de los cronogramas de inversión y de construcción que eran necesarios tener para la aprobación final de la FIFA. Cuatro años antes, en 1982, Belisario Betancourt decidió simplemente renunciar a la realización del Mundial. Las excusas, en el país de la vaca culpable, no se hicieron esperar. Argumentos que iban desde lo ridículo –como la inflación- hasta lo mágico -complot de los patrocinadores de la FIFA contra Colombia- hicieron que el presidente y el congreso renunciaran a la realización de este evento con el argumento oficial de que ese dinero sería mejor invertido en escuelas y hospitales. Inversión, que vale la pena resaltar, no se hizo de todos modos.
Si el gobierno de turno no hubiera sido tan pusilánime, Colombia hubiera podido tener acceso a una de las vitrinas de inversión más grandes que un país puede tener. Para las mujeres que lean este blog, cuyo interés esté lejos del futbol, en el mundial los partidos son posiblemente lo menos trascendental para el país anfitrión, dependiendo de la calidad futbolística de su selección. El país huésped se transforma, por varios años, en el lugar donde: todas las campañas de publicidad se contratan y se producen generando, en los meses anteriores al Mundial, vínculos entre los países participantes con el país anfitrión; se realizan negocios por las transferencias de jugadores, de mercancías, de bebidas, de elementos deportivos, de servicios turísticos, de boletería, entre otra infinidad de cosas. El impacto del mundial no dura, únicamente, el mes durante el que se desarrollan los partidos, sino que es una telaraña que irradia el país anfitrión durante años anteriores y posteriores al mundial.
Las exigencias de la FIFA eran grandes, incluso exageradas, pero hubieran permitido al país un empuje regional sin precedentes. Por ejemplo, se exigía 12 estadios del tamaño del “Campín”, esto hubiera significado que ciudades intermedias hubieran sido parte de la fiesta mundialista, para lo cual hubieran tenido que hacer grandes inversiones para aumentar la capacidad hotelera y de todos los negocios relacionados. Dólares limpios y legales hubieran llegado a estas ciudades, de tal forma que hubieran podido ponerse a punto para mostrarse al mundo. La FIFA exigía también un gran centro de telecomunicaciones nacional para poder realizar un broadcasting global. Esto, hubiera impulsado radicalmente la industria de las telecomunicaciones, mediante la adquisición de nuevas tecnologías y de conocimiento, lo cual no se creó de manera estable, sino hasta veinte años después, luego de que el país viera con perplejidad al mono jojoy saliendo en televisión con un teléfono celular, antes que toda la sociedad Colombiana.
También se exigía un decreto que permitiera la libre circulación de divisas en todo el país. Esto hubiera sido, de hecho, el argumento en contra para quienes esgrimían la inflación como un problema. La circulación de divisas internacionales le hubiera dado a la banca central una estabilidad fuerte de reservas internacionales y, seguido de una política de esterilización de alguna manera consistente, hubiera permitido crear un fuerte colchón de reservas a un bajo costo social.
Las siguientes tres exigencias de la FIFA, hubieran hecho de Colombia un país mucho más competitivo, por lo menos, en los siguientes veinte años: trenes, carreteras y aeropuertos. El mundial del 86 hubiera podido servir de excusa para establecer una red eficiente de transporte incluyente entre regiones, es decir, una red que interconecte los cuatro puntos de la geografía Colombiana para los pasajeros y las mercancías. Para aquellos que creen que esto no es una prioridad, el siguiente dato podría abrir sus ojos: enviar un contenedor desde China buenaventura, es más barato, que enviarlo desde Buenaventura a Bogotá. Aeropuertos, con capacidades grandes, no necesariamente internacionales, en ciudades intermedias, hubieran permitido incluir a las ciudades y permitir un desarrollo mayor de la industria aérea -por medio del incremento en la demanda-, que ya incubaba, para 1986, la crisis que llevó, finalmente, la venta de Avianca, por no mencionar el gran impulso que hubiera permitido a las economías de las ciudades intermedias una mejor logística para el transporte de los bienes que producen hacia otras regiones y otros países.
Pero, ¿qué se hizo? Nada. En cuatro años era imposible hacer lo que se debía realizar en doce. Así que, los colombianos hicimos lo que sabemos hacer mejor: ser pobres. Renunciamos al mundial y abandonamos una gran oportunidad de recibir grandes capitales, hacer negocios, transformar estructuras y aprender del mundo. En cambio, nos encarnizamos en discusiones ridículas: libre mercado, neoliberalismo, sustitución de importaciones, centralismo de la economía, libertad de empresa, etcétera. Mientras discutimos, el mundo se mueve. China enlista a su sociedad en una guerra encarnizada por cualquier dólar de inversión. El mundo, entiende que es preciso crear sociedades que produzcan y que para eso, es preciso que los capitales fluyan, de tal forma que al final, el mundo converge hacia una sociedad con distribución más equitativa del ingreso.
Pero en Colombia, siete mundiales después de nuestro más grande ridículo internacional, aun seguimos discutiendo, nuestro modelo de desarrollo mientras que las voluntades políticas se encuentran lejos de una política de atracción masiva de capitales extranjeros. Ni Santos ni Mockus, lo entienden. Santos, quiere continuar con la política de inversión no productiva, en la cual se venden empresas como Bavaria, sin que se cree un solo puesto de trabajo o se compre una sola maquina nueva. Y Mockus, cuya política se viene cada día más diluyendo en el odio irracional hacia el otro candidato, tampoco entiende que la mejor educación que una sociedad puede tener, parte del aprendizaje de los trabajadores nacionales de técnicas extranjeras, lo cual solo se logra, atrayendo capitales por todas las vías necesarias.
Casi treinta años más tarde, estamos muy lejos de los chinos porque seguimos discutiendo aquello que el mundo ya resolvió hace mucho tiempo. El esfuerzo del Estado debe dedicarse profundamente a atraer toda la inversión extranjera posible. Renunciar a un mundial, es un lujo que los padres de la patria se dieron y que tuvo un costo de oportunidad para los colombianos, costo que aun seguimos pagando. Colombia 86, es un gran ejemplo de lo que está mal en nuestra sociedad, la incapacidad de ponernos de acuerdo y la enorme habilidad de perder el tiempo discutiendo las cualidades mojadoras del agua, mientras el mundo entero se mueve en direcciones concretas. Ojalá que Mockus y Santos entiendan las cosas que son obvias, y realicen, ya sin el mundial encima, las inversiones que necesitamos para ser productivos, sino terminaremos renunciando al mundial del 2030.
Jorge Monroy.
Antes de contar la historia, es importante realizar una mirada al modelo de crecimiento de China, el único país que ha crecido de manera ininterrumpida durante casi cuarenta años a tasas de más del 7%. Este, es un país que en el papel se hace llamar socialista, pero que tiene todo el esfuerzo de su Estado, de su gente, de sus trabajadores y de toda su sociedad enfocada solamente hacia un aspecto: la inversión. Venga de donde venga. Andrés Oppenheimer lo describe bien en su libro “Cuentos Chinos”: mientras en Venezuela el tirano tropical cierra tres días McDonald’s, en su eterna pelea con el capitalismo, los chinos firmaron un acuerdo para abrir mil tiendas de esta tradicional hamburguesa en todo su territorio. Y es muy simple: no importa de donde venga, los chinos castigan socialmente un solo dólar de inversión que se pierda. Ellos han entendido que la inversión extranjera hace que la sociedad aprenda técnicas, adquiera bienes de capital necesarios para la producción, cree trabajo, e inyecta riqueza en toda la sociedad. Claramente, es necesario un gobierno inteligente que logre que esa inversión se transforme en desarrollo. Sin embargo, es evidente que el primer paso para transformar la sociedad es que haya dinero.
Dicho esto, en 1974, la FIFA decidió que, a pesar de todos los argumentos en contra, el mundial de 1986 se celebraría en la república de Colombia, después de una larga gestión del presidente Pastrana. Sin embargo, nuestro país sacó a relucir su mediocridad inherente y su vocación de pobreza con lo que sucedió posteriormente. Gobierno tras gobierno durante doce años, todos usaron el tema del mundial para adquirir réditos políticos, pero, finalmente quedando completamente rezagado dentro de los cronogramas de inversión y de construcción que eran necesarios tener para la aprobación final de la FIFA. Cuatro años antes, en 1982, Belisario Betancourt decidió simplemente renunciar a la realización del Mundial. Las excusas, en el país de la vaca culpable, no se hicieron esperar. Argumentos que iban desde lo ridículo –como la inflación- hasta lo mágico -complot de los patrocinadores de la FIFA contra Colombia- hicieron que el presidente y el congreso renunciaran a la realización de este evento con el argumento oficial de que ese dinero sería mejor invertido en escuelas y hospitales. Inversión, que vale la pena resaltar, no se hizo de todos modos.
Si el gobierno de turno no hubiera sido tan pusilánime, Colombia hubiera podido tener acceso a una de las vitrinas de inversión más grandes que un país puede tener. Para las mujeres que lean este blog, cuyo interés esté lejos del futbol, en el mundial los partidos son posiblemente lo menos trascendental para el país anfitrión, dependiendo de la calidad futbolística de su selección. El país huésped se transforma, por varios años, en el lugar donde: todas las campañas de publicidad se contratan y se producen generando, en los meses anteriores al Mundial, vínculos entre los países participantes con el país anfitrión; se realizan negocios por las transferencias de jugadores, de mercancías, de bebidas, de elementos deportivos, de servicios turísticos, de boletería, entre otra infinidad de cosas. El impacto del mundial no dura, únicamente, el mes durante el que se desarrollan los partidos, sino que es una telaraña que irradia el país anfitrión durante años anteriores y posteriores al mundial.
Las exigencias de la FIFA eran grandes, incluso exageradas, pero hubieran permitido al país un empuje regional sin precedentes. Por ejemplo, se exigía 12 estadios del tamaño del “Campín”, esto hubiera significado que ciudades intermedias hubieran sido parte de la fiesta mundialista, para lo cual hubieran tenido que hacer grandes inversiones para aumentar la capacidad hotelera y de todos los negocios relacionados. Dólares limpios y legales hubieran llegado a estas ciudades, de tal forma que hubieran podido ponerse a punto para mostrarse al mundo. La FIFA exigía también un gran centro de telecomunicaciones nacional para poder realizar un broadcasting global. Esto, hubiera impulsado radicalmente la industria de las telecomunicaciones, mediante la adquisición de nuevas tecnologías y de conocimiento, lo cual no se creó de manera estable, sino hasta veinte años después, luego de que el país viera con perplejidad al mono jojoy saliendo en televisión con un teléfono celular, antes que toda la sociedad Colombiana.
También se exigía un decreto que permitiera la libre circulación de divisas en todo el país. Esto hubiera sido, de hecho, el argumento en contra para quienes esgrimían la inflación como un problema. La circulación de divisas internacionales le hubiera dado a la banca central una estabilidad fuerte de reservas internacionales y, seguido de una política de esterilización de alguna manera consistente, hubiera permitido crear un fuerte colchón de reservas a un bajo costo social.
Las siguientes tres exigencias de la FIFA, hubieran hecho de Colombia un país mucho más competitivo, por lo menos, en los siguientes veinte años: trenes, carreteras y aeropuertos. El mundial del 86 hubiera podido servir de excusa para establecer una red eficiente de transporte incluyente entre regiones, es decir, una red que interconecte los cuatro puntos de la geografía Colombiana para los pasajeros y las mercancías. Para aquellos que creen que esto no es una prioridad, el siguiente dato podría abrir sus ojos: enviar un contenedor desde China buenaventura, es más barato, que enviarlo desde Buenaventura a Bogotá. Aeropuertos, con capacidades grandes, no necesariamente internacionales, en ciudades intermedias, hubieran permitido incluir a las ciudades y permitir un desarrollo mayor de la industria aérea -por medio del incremento en la demanda-, que ya incubaba, para 1986, la crisis que llevó, finalmente, la venta de Avianca, por no mencionar el gran impulso que hubiera permitido a las economías de las ciudades intermedias una mejor logística para el transporte de los bienes que producen hacia otras regiones y otros países.
Pero, ¿qué se hizo? Nada. En cuatro años era imposible hacer lo que se debía realizar en doce. Así que, los colombianos hicimos lo que sabemos hacer mejor: ser pobres. Renunciamos al mundial y abandonamos una gran oportunidad de recibir grandes capitales, hacer negocios, transformar estructuras y aprender del mundo. En cambio, nos encarnizamos en discusiones ridículas: libre mercado, neoliberalismo, sustitución de importaciones, centralismo de la economía, libertad de empresa, etcétera. Mientras discutimos, el mundo se mueve. China enlista a su sociedad en una guerra encarnizada por cualquier dólar de inversión. El mundo, entiende que es preciso crear sociedades que produzcan y que para eso, es preciso que los capitales fluyan, de tal forma que al final, el mundo converge hacia una sociedad con distribución más equitativa del ingreso.
Pero en Colombia, siete mundiales después de nuestro más grande ridículo internacional, aun seguimos discutiendo, nuestro modelo de desarrollo mientras que las voluntades políticas se encuentran lejos de una política de atracción masiva de capitales extranjeros. Ni Santos ni Mockus, lo entienden. Santos, quiere continuar con la política de inversión no productiva, en la cual se venden empresas como Bavaria, sin que se cree un solo puesto de trabajo o se compre una sola maquina nueva. Y Mockus, cuya política se viene cada día más diluyendo en el odio irracional hacia el otro candidato, tampoco entiende que la mejor educación que una sociedad puede tener, parte del aprendizaje de los trabajadores nacionales de técnicas extranjeras, lo cual solo se logra, atrayendo capitales por todas las vías necesarias.
Casi treinta años más tarde, estamos muy lejos de los chinos porque seguimos discutiendo aquello que el mundo ya resolvió hace mucho tiempo. El esfuerzo del Estado debe dedicarse profundamente a atraer toda la inversión extranjera posible. Renunciar a un mundial, es un lujo que los padres de la patria se dieron y que tuvo un costo de oportunidad para los colombianos, costo que aun seguimos pagando. Colombia 86, es un gran ejemplo de lo que está mal en nuestra sociedad, la incapacidad de ponernos de acuerdo y la enorme habilidad de perder el tiempo discutiendo las cualidades mojadoras del agua, mientras el mundo entero se mueve en direcciones concretas. Ojalá que Mockus y Santos entiendan las cosas que son obvias, y realicen, ya sin el mundial encima, las inversiones que necesitamos para ser productivos, sino terminaremos renunciando al mundial del 2030.
Jorge Monroy.
Thursday, 10 June 2010
El odio en Colombia, el contagio de Mockus.
Es increíble ver lo rápido que los fanáticos de Mockus desoyeron y transformaron el mensaje de este carismático líder. Las consignas del “juego limpio” y “la vida es sagrada”, rápidamente terminaron convirtiéndose en un odio irracional y una estigmatización del candidato Santos. Es sorprendente que alguien que se crea seguidor de Mockus pueda decir cosas como “que se le puede pedir a un país de gente bruta e inculta” o “todos los votos de Santos son corruptos” o “increíble, ¿cómo es que aun hay gente que puede ser tan estúpida de votar por Santos?” o mi favorito personal: “jamás subestimes la infinita capacidad de este país para decepcionarte”. En esta última, los fanáticos de Mockus tienen razón.
En el bicentenario de nuestra independencia, lo único que ha logrado producir Colombia es odio. Ni siquiera café. Bolívar y Santander jamás se preocuparon por construir una nación grande y fuerte, prefirieron armar a muchos campesinos con machetes y asesinarse. Por desgracia, ninguno realmente ganó. Años después, no contentos, los colombianos encontramos en el azul y el rojo del conservatísmo y el liberalismo más razones para odiarnos. De alguna manera los machetes fluyeron, dirigiéndose con consignas totalitarias y extremistas hacia las extremidades de otros colombianos. Nuevamente, ninguno realmente ganó.
No contentos, incorporamos la doctrina de la combinación de las formas de lucha y la escuela de las Américas, y así, encontramos una nueva excusa para odiarnos. Comunistas y anticomunistas se encontraron nuevamente bajo el tierno sonido del cañón y la relajante melodía de la sangre derramándose. Como es tradicional ya, realmente nadie ganó. Luego, encontramos en el narcotráfico un nuevo enemigo a quien odiar, y a los objetos y sujetos que nos odian: bombas, secuestros, amenazas, sicarios, todos alimentados por el odio hacia el rico, el odio hacia el Estado, el odio hacia el otro cartel. Sociedad y narcotráfico se enfrentaron y lo que es ya risible a estas alturas de la historia, nadie realmente ganó esa batalla. Finalmente, la sociedad, acorralada por el miedo a unas FARC que solo promovían un mensaje de odio, se unió alrededor de la seguridad democrática para odiar a las FARC. Pero ahí no termina la historia. Las FARC lograron unirse para odiar a los paramilitares y viceversa. Las FARC lograron unirse para odiar al ELN y viceversa. Al fin y al cabo, el conflicto actual tiene un número infinito de actores, sin ninguna idea particularmente clara, pero con una semejanza básica: el odio por el otro, ¿cuál?, el que sea, la verdad no importa.
De la misma forma, a partir del odio, las FARC secuestran policías, soldados y civiles, manteniéndolos décadas enteras en el monte. Basados en el odio, los paramilitares entrenaban a sus nuevos reclutas comiéndose la carne humana de un guerrillero. Y es que solo el odio, por el contrario, puede permitir que un ser humano pueda poner excremento dentro de una mina antipersonal, o que se corten personas con moto sierras.
Si el lector en este momento está pensando que la dinámica de la guerra se presta para estas cosas, analicemos nuestro cotidiano vivir. Solamente el Odio puede permitir que un joven profiera cuarenta puñaladas a otro por robarle la billetera que en el mejor de los casos tiene diez mil pesos; solamente el odio puede permitir que a la salida de una simple reunión de copropietarios en un conjunto residencial, las personas terminen amenazándose de muerte. Solamente el odio, puede lograr que –como vi en mi ventana hace tan solo un día- una mujer sea capaz de agredir un bebe de 6 meses en las manos de su madre, solo para amenazarla de muerte.
Un panorama así, muestra que la única forma que conoce el colombiano para unirse es el odio por otro. Para Mockus, esta premisa debía ser desterrada de la sociedad colombiana con educación, con trabajo, con cultura ciudadana. Esa idea me sedujo, debo confesar. Finalmente cambiar la cultura del odio por la legalidad, es precisamente lo que necesitamos. Pero, justamente cuando el viento agitaba las banderas de un cambio en esa dirección, los colombianos no subestimamos nuestra capacidad de decepcionarnos.
Los fanáticos de Antanas desoyeron completamente el discurso y entendieron mal su visión, se unieron en una gran ola verde, que pasó de tener esperanza como eje central, a básicamente lo mismo de 200 años de historia republicana: odio. Las frases introductorias de esta editorial así lo muestran. Como esas, encontré por lo menos treinta. Al final, Antanas no representó el cambio, sino simplemente una nueva forma de unirse para odiar algo. Calificar de estúpidos e ignorantes a los votantes de otro, sea cual sea el candidato, es simplemente unirse a partir del odio. Calificar de corruptos o comprados a los votantes de un candidato es construir identidad a partir del odio. Gritar consignas incendiarias dentro de una celebración democrática como “yo vine por que quise, a mi no me pagaron” es crear odio, y el problema de esto, es que al final, cuando el extremismo se apodera de las ideas políticas, solo hace falta encontrar un arma, y la sangre brotaría con más fuerza hacia el agua. Al fin de al cabo en Colombia pareciera que las ideas son una simple excusa para matarnos y odiarnos.
El odio es lo único que este país conoce. Y si la única propuesta que en cincuenta años ha tocado el punto clave de esta situación, se convirtió en si misma en una fuente de odio, nuestra democracia jamás podrá ser. Porque siempre cualquier idea terminará siendo un pretexto para cercenar los miembros de otros colombianos. Así que, o nos unimos y acabamos con la cultura de odiar a otros colombianos, o hagamos colecta para darle a cada uno de los miembros de nuestro país una AK-47. Al fin y al cabo, la excusa para matarnos, es lo de menos.
Jorge Monroy
En el bicentenario de nuestra independencia, lo único que ha logrado producir Colombia es odio. Ni siquiera café. Bolívar y Santander jamás se preocuparon por construir una nación grande y fuerte, prefirieron armar a muchos campesinos con machetes y asesinarse. Por desgracia, ninguno realmente ganó. Años después, no contentos, los colombianos encontramos en el azul y el rojo del conservatísmo y el liberalismo más razones para odiarnos. De alguna manera los machetes fluyeron, dirigiéndose con consignas totalitarias y extremistas hacia las extremidades de otros colombianos. Nuevamente, ninguno realmente ganó.
No contentos, incorporamos la doctrina de la combinación de las formas de lucha y la escuela de las Américas, y así, encontramos una nueva excusa para odiarnos. Comunistas y anticomunistas se encontraron nuevamente bajo el tierno sonido del cañón y la relajante melodía de la sangre derramándose. Como es tradicional ya, realmente nadie ganó. Luego, encontramos en el narcotráfico un nuevo enemigo a quien odiar, y a los objetos y sujetos que nos odian: bombas, secuestros, amenazas, sicarios, todos alimentados por el odio hacia el rico, el odio hacia el Estado, el odio hacia el otro cartel. Sociedad y narcotráfico se enfrentaron y lo que es ya risible a estas alturas de la historia, nadie realmente ganó esa batalla. Finalmente, la sociedad, acorralada por el miedo a unas FARC que solo promovían un mensaje de odio, se unió alrededor de la seguridad democrática para odiar a las FARC. Pero ahí no termina la historia. Las FARC lograron unirse para odiar a los paramilitares y viceversa. Las FARC lograron unirse para odiar al ELN y viceversa. Al fin y al cabo, el conflicto actual tiene un número infinito de actores, sin ninguna idea particularmente clara, pero con una semejanza básica: el odio por el otro, ¿cuál?, el que sea, la verdad no importa.
De la misma forma, a partir del odio, las FARC secuestran policías, soldados y civiles, manteniéndolos décadas enteras en el monte. Basados en el odio, los paramilitares entrenaban a sus nuevos reclutas comiéndose la carne humana de un guerrillero. Y es que solo el odio, por el contrario, puede permitir que un ser humano pueda poner excremento dentro de una mina antipersonal, o que se corten personas con moto sierras.
Si el lector en este momento está pensando que la dinámica de la guerra se presta para estas cosas, analicemos nuestro cotidiano vivir. Solamente el Odio puede permitir que un joven profiera cuarenta puñaladas a otro por robarle la billetera que en el mejor de los casos tiene diez mil pesos; solamente el odio puede permitir que a la salida de una simple reunión de copropietarios en un conjunto residencial, las personas terminen amenazándose de muerte. Solamente el odio, puede lograr que –como vi en mi ventana hace tan solo un día- una mujer sea capaz de agredir un bebe de 6 meses en las manos de su madre, solo para amenazarla de muerte.
Un panorama así, muestra que la única forma que conoce el colombiano para unirse es el odio por otro. Para Mockus, esta premisa debía ser desterrada de la sociedad colombiana con educación, con trabajo, con cultura ciudadana. Esa idea me sedujo, debo confesar. Finalmente cambiar la cultura del odio por la legalidad, es precisamente lo que necesitamos. Pero, justamente cuando el viento agitaba las banderas de un cambio en esa dirección, los colombianos no subestimamos nuestra capacidad de decepcionarnos.
Los fanáticos de Antanas desoyeron completamente el discurso y entendieron mal su visión, se unieron en una gran ola verde, que pasó de tener esperanza como eje central, a básicamente lo mismo de 200 años de historia republicana: odio. Las frases introductorias de esta editorial así lo muestran. Como esas, encontré por lo menos treinta. Al final, Antanas no representó el cambio, sino simplemente una nueva forma de unirse para odiar algo. Calificar de estúpidos e ignorantes a los votantes de otro, sea cual sea el candidato, es simplemente unirse a partir del odio. Calificar de corruptos o comprados a los votantes de un candidato es construir identidad a partir del odio. Gritar consignas incendiarias dentro de una celebración democrática como “yo vine por que quise, a mi no me pagaron” es crear odio, y el problema de esto, es que al final, cuando el extremismo se apodera de las ideas políticas, solo hace falta encontrar un arma, y la sangre brotaría con más fuerza hacia el agua. Al fin de al cabo en Colombia pareciera que las ideas son una simple excusa para matarnos y odiarnos.
El odio es lo único que este país conoce. Y si la única propuesta que en cincuenta años ha tocado el punto clave de esta situación, se convirtió en si misma en una fuente de odio, nuestra democracia jamás podrá ser. Porque siempre cualquier idea terminará siendo un pretexto para cercenar los miembros de otros colombianos. Así que, o nos unimos y acabamos con la cultura de odiar a otros colombianos, o hagamos colecta para darle a cada uno de los miembros de nuestro país una AK-47. Al fin y al cabo, la excusa para matarnos, es lo de menos.
Jorge Monroy
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